La jefa de Gobierno Claudia Sheinbaum anunció el aplazamiento de la discusión y firma de la nueva Ley de Telecomunicaciones en la Ciudad de México luego de que diversos grupos ciudadanos, organizaciones defensoras de derechos digitales y expertos en libertad de expresión señalaran que ciertos artículos podrían convertirse en herramientas de censura. Aunque la iniciativa prometía modernizar el marco regulatorio, impulsar el despliegue de redes 5G y garantizar mejores condiciones para usuarios y operadores, la reacción pública centró el debate en las facultades de bloqueo de plataformas y monitoreo del flujo de información. Frente al revuelo, el Ejecutivo capitalino decidió detener el trámite legislativo para revisar y perfeccionar el texto, buscando un equilibrio entre innovación tecnológica y salvaguarda de derechos fundamentales.

Orígenes y objetivos de la iniciativa

La propuesta original de Ley de Telecomunicaciones, presentada en marzo de 2025, respondía a la necesidad de actualizar normas que datan de hace más de una década y no contemplan el auge de las comunicaciones móviles de quinta generación. Entre sus objetivos principales se encontraban agilizar la instalación de antenas y estaciones base en zonas urbanas, promover la competencia entre proveedores de internet y telefonía, establecer estándares de calidad de servicio y fortalecer la protección al usuario —por ejemplo, garantizando portabilidad numérica en 24 horas y sanciones claras por fallas continuas. El proyecto también contemplaba la creación de un órgano regulador local, dependiente de la jefatura de Gobierno, encargado de emitir licencias, supervisar precios y coordinar con instancias federales. No obstante, fue precisamente el diseño de ese órgano y sus atribuciones sobre el contenido de las redes lo que desató las críticas más fuertes.

Controversia sobre facultades de censura y bloqueo

Los artículos más polémicos permitían a la autoridad reguladora ordenar el bloqueo o filtrado de direcciones IP, dominios o aplicaciones en caso de detectar “contenidos nocivos” o “infractores de regulaciones técnicas”, sin requerir autorización judicial previa. Definiciones difusas de conceptos como “seguridad pública” o “ordenamiento social” generaron temor de que se pudieran bloquear medios digitales, blogs disidentes o plataformas de denuncia ciudadana. Organizaciones como R3D y el Centro de Estudios sobre Libertad de Expresión documentaron escenarios en los que una redacción amplia permitiría suspender servicios de mensajería o redes sociales enteras, con un alto potencial para abuso de poder. La falta de cauces claros de apelación y los plazos reducidos para impugnar dichas órdenes sumaron presión para revisar el proyecto.

Reacciones de sociedad civil y expertos

En foros académicos y sesiones de consulta, expertos en derecho digital insistieron en que cualquier medida de restricción al flujo de información requiere un debido proceso con control judicial independiente. Señalaron que la única forma de evitar arbitrariedades es incorporar salvaguardas como la revisión por un magistrado, plazos estrictos para la restitución del servicio y transparencia de los criterios utilizados. Activistas y usuarios de redes sociales organizaron campañas de protesta bajo etiquetas como #NoALaCensuraCDMX y convocaron a audiencias públicas multitudinarias, en las que se evidenció un rechazo transversal a otorgar a autoridades locales facultades de filtrado sin contrapesos democráticos. Universidades como la UNAM y el ITAM emitieron pronunciamientos conjuntos, avalando la modernización del sector pero exhortando a garantizar la libertad de expresión.

Argumentos y respuestas del Gobierno capitalino

El equipo de Sheinbaum defendió que las funciones de regulación de contenido buscaban atender casos de desinformación masiva, difusión de pornografía infantil y coordinación de actos violentos, no silenciar voces críticas. Reconocieron, sin embargo, la necesidad de redefinir los mecanismos de bloqueo para incorporar autorización judicial y procedimientos de apelación. En un comunicado oficial, el gabinete subrayó que el aplazamiento atiende la urgencia de perfeccionar el proyecto, garantizando derechos sin retrasar el despliegue de redes 5G, que, según estimaciones, permitirá a la capital mejorar sistemas de vigilancia inteligente, telemedicina y transporte autónomo. Asimismo, anunciaron la integración de representantes de la sociedad civil y expertos independientes al grupo de trabajo que revisará la redacción de los artículos más cuestionados.

Impacto en el sector de telecomunicaciones y despliegue 5G

La Ley de Telecomunicaciones no solo regula derechos digitales, sino que condiciona el ritmo de inversión en infraestructura. Operadoras como Telcel, AT&T y los concesionarios de fibra óptica enfrentan incertidumbre sobre plazos y criterios para instalar antenas en zonas metropolitanas. El retraso legislativo podría demorar licencias y permisos locales, afectando la cobertura y competencia en servicios de alta velocidad. Start-ups de Internet de las Cosas (IoT) y empresas de ciudad inteligente también dependen de marcos claros para planear proyectos de movilidad conectada y redes privadas 5G. Mientras la norma se perfecciona, los actores del sector deberán coordinarse con autoridades delegadas para mantener el avance de pruebas piloto y las inversiones pactadas en presupuestos de este año.

Proceso de revisión y hoja de ruta para el consenso

Con la ley en pausa, la Asamblea Legislativa de la Ciudad de México y la jefatura de Gobierno acordaron establecer mesas de trabajo mixtas en las que participarán diputados, académicos, representantes de la sociedad civil, la Comisión de Derechos Humanos local y la Suprema Corte. Este grupo tendrá como misión revisar tanto los aspectos de contenidos digitales como los procedimientos de licenciamiento y sanciones, proponiendo cláusulas de protección de la libertad de expresión y garantizando la autonomía del órgano regulador. Se prevé que antes de fin de año se someta un dictamen revisado a votación, incorporando las recomendaciones internacionales de la Organización de las Naciones Unidas y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. El objetivo es lograr un texto equilibrado que contemple seguridad, innovación y derechos.

Perspectivas y conclusiones

El aplazamiento de la nueva Ley de Telecomunicaciones por parte de Claudia Sheinbaum marca un precedente de sensibilidad democrática ante demandas ciudadanas en materia digital. El desafío consistirá en transformar la propuesta en una norma moderna y eficaz sin sacrificar garantías fundamentales. Un marco regulatorio sólido debe ofrecer plazos ágiles para la instalación de infraestructura y al mismo tiempo prevenir abusos de poder en el filtrado de contenidos. El equilibrio requerirá transparencia, controles judiciales y mecanismos de rendición de cuentas. Si la revisión culmina en una ley consensuada, la Ciudad de México podrá reactivar inversiones en 5G, mejorar la competencia y defender los derechos de sus habitantes, consolidándose como un ejemplo de regulación inclusiva y responsable en la era digital.